El Buen Gobierno Corporativo en época de Crisis
Fuente : Diario El País - España
Queremos compartir con ustedes un artículo publicado en el Diario El País de España, que tiene por título: El Buen Gobierno Corporativo en época de Crisis, escrito por Rafael Mateos de Ros.
El buen gobierno corporativo en época de crisis
RAFAEL MATEU DE ROS
La profunda crisis por la que atraviesan las economías occidentales afecta también a los modelos de buen gobierno de las sociedades cotizadas difundidos en los últimos años. No podía ser de otra manera. Uno de los motivos principales del descalabro ha sido la falta de rigor de los administradores de las compañías. Otro, el hecho de que el poder económico había asumido de facto una potestad normativa (la hasta hace no mucho alabada autorregulación) desplazando a su titular natural, el poder político.
Apelar a la ética de las personas o a un cambio de la cultura empresarial está muy bien, pero no es, por desgracia, suficiente. Habrá que definir e implantar (¿ha muerto la época de las recomendaciones?) modelos más potentes y menos vulnerables al móvil del lucro inmediato y a las operaciones especulativas. Antes se buscaba autocontrol, equilibrio, creación de valor y garantías para los accionistas. Ahora, las prioridades son estabilidad, solvencia, eficacia y transparencia.
Varios aspectos del buen gobierno corporativo han mostrado una extrema fragilidad ante la crisis. En primer lugar, la propia definición de la finalidad de la sociedad anónima cotizada como la creación de valor para los accionistas concebida como aumento inmediato del precio de cotización. ¿Cómo se puede vincular la misión de una sociedad a la volatilidad de la Bolsa? La finalidad de la sociedad no es la satisfacción de los intereses de los accionistas de referencia ni la suma algebraica de los intereses de todos en un momento dado. Es la continuidad de un proyecto estratégico a largo y medio plazo con identidad propia.
En segundo lugar, la idea de que el equilibrio interno de poderes en la sociedad se consigue de forma casi infalible gracias a una estructura mecanicista en la que residiría la técnica del buen gobierno: cuotas de consejeros (mayoría de externos, mayoría de los independientes entre los externos...) y una arquitectura formal predeterminada de órganos y de normas (Consejo, comisiones del Consejo, lead director, reglamentos internos...).
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